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Regina Naranjo Vallejo

Nacida el 21 de octubre de 1945 en Santa Rosa de Cabal.

Fallecida el 9 de agosto de 2017 en Pereira.

Padres:
Hermanos:

Notas:

Y si Regina fuera un árbol, qué árbol sería?

Cada uno tiene su Regina. La mía no era la tía alcahueta, ni alegre, ni consentidora. Ni graciosa aunque recuerdo un buen chiste suyo en el que comparaba a las monjas con pingüinos.
La mía era la tía estricta, porque para hacer lo que es correcto hay que ser estricto. Era la tía regañona, porque para hacer lo que es correcto hay que tirarle las orejas a esos muchachos de vez en cuando.
Estricta? Hace muchos años tuvimos una discusión maravillosa. Regina me decía que yo debía devolverle a la Biblioteca Pública Municipal de Pereira un libro, con el sello de la Biblioteca, que compré en un agáchese de la plaza de Bolivar. Alguien lo robó, seguramente, y hay que devolverlo, me decía.
Pues no, Reinita, no lo devolví ni lo devolveré, pero tu sentido de la justicia todavía me sacude.
Mi Regina es la de la tía siempre para los sobrinos. Mi Regina es la de las familias unidas al rededor de lo que es correcto. Por eso la siento tan cercana al abuelo.
Y mencionando al abuelo, toco lo más sagrado de sus afectos. Mi Regina es la hija fiel que amó a Lázaro Naranjo y a Clara Vallejo, más allá de lo que los buenos hijos aman a sus padres.
Y si Regina fuera un árbol, qué árbol sería? Yo siento que sería un Haya. Uno de esos extraordinarios árboles que están en Irlanda.
Para empezar el domingo, un pequeño homenaje a Regina Naranjo Vallejo. Tía Regina, descansa en paz.

Javier Acosta Naranjo
Reina, como hermana, era un refugio y un consuelo. Por eso te aseguro que, ella como árbol, sería un Samán, como los de Cali, más bello y enorme que el Haya irlandés de leyenda y magia.

Lázaro Naranjo Vallejo
Para mi Regi es una segunda madre, con la dulzura, enseñanzas y disciplina impartida que este título conlleva. Ella es el hogar, el sitio de encuentro y unión familiar. Además de un ejemplo de servicio, dedicación y amor incondicional. Para mi ella cumple con todas las bellas cualidades que ustedes reconocen, pero adicionalmente su amor y su entrega llegan incluso a grandes distancias.
Por todo esto, para mi, ella es como el ancestral, sagrado y reverenciado Sándalo, que esparce su aroma sin distinción, favorece la comunicación, invita a la reflexión y autoconocimiento, tiene gran variedad de propiedades mágicas y curativas, madera fina y es de una nobleza tal que perfuma incluso el hacha que lo corta.

María Naranjo Trujillo
A pesar de la fragilidad de su cuerpo en los últimos años, y de problemas de salud que se remontan a su infancia, mi Regina era fuerte como un roble. Su espíritu incorruptible, que no cargaba agua en la boca para decir lo que pensaba, era comparable con el de nuestro abuelo, su padre, otro roble.
Cuando Regina apoyaba algo ó a alguien era al cien por ciento, y uno no tardaba en enterarde de ello. Fueron muchas las cosas en las que sentí su apoyo incondicional, fuerte y recio. También en más de una ocación fui objeto de su crítica, y no dudó en decírmelo, sin que eso nos enemistara.
Regina, además de fuerte, fue ecuánime. En todas la disputas familiares supo colocarse por encima de las partes, y mantener buena relación con todos, como el roble de la foto que no se inclina hacia ningún lado.
Mi Regina: un roble.

Fernando Guzmán Naranjo

Recuerdos de Regina

Recuerdos de Regina
En la iglesia de Los Alamos
Pereira
Agosto 10, 2017

El padre habló sobre lo que se sigue para Regina de aquí en adelante. Yo en cambio, quiero mirar atrás para celebrar la vida de Regina. Fue una vida vivida a plenitud. Con alegrías y tristezas, con triunfos y fracasos, como los tenemos todos, pero vivida al cien por ciento, con toda la fuerza característica de Reina.

Quiero evocar algunas anécdotas de lo que pudiera llamarse "Regina y yo". Son anécdotas parecidas a las que vivieron muchos de los aquí presentes, y que invito a que pasen y las compartan con nosotros.

De mis años de infancia tengo pocos recuerdos de Reina. Clarita, que hablará luego, recordará más detalles de esa época. Pero sí recuerdo las caspiroletadas que hacíamos en la pesebrera, en un fogón de leña armado sobre tres piedras. Recuerdo especialmente una que hicimos una tarde de noviembre, cuando tenía yo cinco años, y nos conmovió a todos la noticia del asesinato de Kennedy. Yo se que a Regina la impactó, e influyó en ella más tarde un su vida.

Mi relación más cercana con Regina se dió cuando ella estudiaba en la UTP y yo terminaba mi bachillerato y empezaba también en la UTP. Regina me enseñó cálculo y química (estequiometría), cosas que para mi eran nuevas y fascinantes. Ella me las enseñaba y luego trabajábamos juntos en los problemas. El cálculo que aprendí con Regina me sigue sirviendo hasta el día de hoy, y es parte de lo que enseño a mis estudiantes. Pero más importante que ésto, fue el mostrarme en qué consiste la ciencia. Fueron muchas las veces que la acompañé a tomar muestras de agua en las bocatomas de Potreros y San Ramón en Santa Rosa, para su trabajo de tesis de grado. Y en esas jornadas de día entero, conversando por el camino, me iba mostrando cómo se hace ciencia, cómo la ciencia debe informar las decisiones de la vida pública para mejorar la calidad de vida de la gente. Regina instauró en mi el amor por la ciencia que me ha acompañado a lo largo de los años.

También tuvimos encontrones, como el de una jalada de orejas que me pegó en la U. cuando se enteró que yo no estaba almorzando para ahorrar ese dinero para mi viaje a Medellín. Ella hizo que reanudara mis almuerzos, y prometió ayudarme para el viaje a Medellín. Y típico de Regina, cumplió su promesa. Fue una de las personas que más me apoyó para hacer realidad algo que parecía imposible: irme a estudiar matemáticas puras a Medellín.

Luego, estando ya en Medellín, cuando tuve mi crisis de diabetes, Regina fue una de las primeras que fue a verme a la clínica. Así era Regina, presente cuando más servía su presencia.

Hay otras dos cosas significativas, que aunque estaban en mis notas mentales, se me escaparon de decirlas en Los Alamos.

Para el matrimonio con Beatriz, que causó reacción tan negativa en algunos miembros de la familia, Regina nos ofreció desde un principio, un apoyo incondicional, fuerte y recio. Reina no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba.

Regina ayudó a plantar en mi la semilla de lo que hoy pudiera llamarse "justicia social". Esa semilla germinó, y aún sigue viva en mi después de tantos años, así como nunca dejó de ser parte de la vida de Reina. Esa influencia abarcó desde mis años de bachillerato cuando dirigía y escribía para el periódico del colegio, "Inquietudes", hasta los años de militancia política en la UTP y luego en la UdeA. A Regina, estas cosas le traían recuerdos de ese hermano que siempre recordó con nostalgia y un profundo cariño: Javier.

Fernando Guzmán Naranjo


Mi Regina fue, entre otras cosas, la persona generosa y altruista que siempre estaba dispuesta a colaborar, la que se apropiaba de los problemas ajenos brindando su apoyo y solidaridad. Yo también admiraba en ella lo coherente que era su actuar con su forma de pensar.

Elena Acosta Naranjo
Algunos recuerdos de la tía, de cuando éramos unos niños David y yo:
El primero tal vez, cuando Macala logró convencer a mis padres de que nos dejaran unas vacaciones en Santa Rosa; esa temporada pasamos los días enteros corriendo al rededor del patio con la perra pastor persiguiéndonos, y nosotros de refugio en refugio, azotando puertas y tumbando materas; nunca supimos si la perra nos perseguía para mordernos o era solo jugando. Y la tía nos defendía del abuelo, que entraba en iracundia con la algarabía de tantos nietos, Ana María, Felipe, Enrique, Germán, David, Ximena...
Y la tía, llevando a Eduardo al hospital a que le remendaran la axila porque se cayó del guayabo y quedó en engarzado en un poste del cerco del patio, fue horrible verlo levantar el brazo mugroso delante de uno de los espejos del cuarto de Regina, el hueco era impresionante y si no nos desmayamos en el acto, fue por el ruido de nuestros propios alaridos.
Y la tía llevándome de excursión a recoger agua para su proyecto de grado, yo estaba chiquita y ese paseo me pareció larguísimo, pero todavía recuerdo el verde de los potreros y la cruzada de los alambrados.
Y la tía fumando, cuando todavía podía, y tomando tinto.
Y la tía que ya no está, porque viajó sin avisar, sin empacar, sin hacer ruido, sin despedirse...

Ximena Naranjo González
Este poema de Emily Dickinson no pierde su belleza y profundidad, aunque la ceremonia de despedida de nuestros seres queridos ya no tiene la pompa de antaño.

Una dignidad nos espera
a todos una mitrada tarde.
Nadie puede evadir esta corona
ni evitar esta púrpura

que concede lacayos y carroza,
cámara, multitud y fasto
y campanas cuando imponentes
recorramos el pueblo.

Qué dignos asistentes, qué servicios
cuando el cortejo haga una pausa,
qué lealmente para despedirnos
se alzarán cientos de sombreros.


Alberto Guzmán Naranjo





Ancestros

Jesús Valeriano Naranjo Ocampo (1859-1927) María Dolores Echeverri Villegas (1874-1933) Luis Vallejo Gutiérrez (-1954) Julia Bernal Arango (-1921)












Lázaro Naranjo Echeverri (1897-1992) Clara Vallejo Bernal (1902-1988)






Regina Naranjo Vallejo (1945-2017)


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