Fallecida el 9 de agosto de 2017 en Pereira.
Y si Regina fuera un árbol, qué árbol sería?
Cada uno tiene su Regina. La mía no era la tía alcahueta, ni alegre,
ni consentidora. Ni graciosa aunque recuerdo un buen chiste suyo en el
que comparaba a las monjas con pingüinos.
La mía era la tía estricta, porque para hacer lo que es correcto hay
que ser estricto. Era la tía regañona, porque para hacer lo que es
correcto hay que tirarle las orejas a esos muchachos de vez en
cuando.
Estricta? Hace muchos años tuvimos una discusión maravillosa. Regina
me decía que yo debía devolverle a la Biblioteca Pública Municipal de
Pereira un libro, con el sello de la Biblioteca, que compré en un
agáchese de la plaza de Bolivar. Alguien lo robó, seguramente, y hay
que devolverlo, me decía.
Pues no, Reinita, no lo devolví ni lo devolveré, pero tu sentido de la
justicia todavía me sacude.
Mi Regina es la de la tía siempre para los sobrinos. Mi Regina es la
de las familias unidas al rededor de lo que es correcto. Por eso la
siento tan cercana al abuelo.
Y mencionando al abuelo, toco lo más sagrado de sus afectos. Mi Regina
es la hija fiel que amó a Lázaro Naranjo y a Clara Vallejo, más allá
de lo que los buenos hijos aman a sus padres.
Y si Regina fuera un árbol, qué árbol sería? Yo siento que sería un
Haya. Uno de esos extraordinarios árboles que están en Irlanda.
Para empezar el domingo, un pequeño homenaje a Regina Naranjo Vallejo.
Tía Regina, descansa en paz.
Javier Acosta Naranjo
Reina, como hermana, era un refugio y un
consuelo. Por eso te aseguro que, ella como árbol, sería un
Samán,
como los de Cali, más bello y enorme que el Haya irlandés de leyenda y
magia.
Lázaro Naranjo Vallejo
Para mi Regi es una segunda
madre, con la dulzura, enseñanzas y disciplina impartida que este
título conlleva. Ella es el hogar, el sitio de encuentro y unión
familiar. Además de un ejemplo de servicio, dedicación y amor
incondicional. Para mi ella cumple con todas las bellas cualidades que
ustedes reconocen, pero adicionalmente su amor y su entrega llegan
incluso a grandes distancias.
Por todo esto, para mi, ella es como el
ancestral, sagrado y reverenciado
Sándalo, que esparce su aroma sin
distinción, favorece la comunicación, invita a la reflexión y
autoconocimiento, tiene gran variedad de propiedades mágicas y
curativas, madera fina y es de una nobleza tal que perfuma incluso
el hacha que lo corta.
María Naranjo Trujillo
A pesar de la fragilidad de su cuerpo en los últimos años, y de
problemas de salud que se remontan a su infancia, mi Regina era fuerte
como un roble. Su espíritu incorruptible, que no cargaba agua en la
boca para decir lo que pensaba, era comparable con el de nuestro
abuelo, su padre, otro roble.
Cuando Regina apoyaba algo ó a alguien era al cien por ciento, y uno
no tardaba en enterarde de ello. Fueron muchas las cosas en las que
sentí su apoyo incondicional, fuerte y recio. También en más de una
ocación fui objeto de su crítica, y no dudó en decírmelo, sin que eso
nos enemistara.
Regina, además de fuerte, fue ecuánime. En todas la disputas
familiares supo colocarse por encima de las partes, y mantener buena
relación con todos, como el roble de la foto que no se inclina hacia
ningún lado.
Mi Regina: un
roble.
Fernando Guzmán Naranjo
Recuerdos de Regina
Recuerdos de Regina
En la iglesia de Los Alamos
Pereira
Agosto 10, 2017
El padre habló sobre lo que se sigue para Regina de aquí en adelante.
Yo en cambio, quiero mirar atrás para celebrar la vida de Regina. Fue
una vida vivida a plenitud. Con alegrías y tristezas, con triunfos y
fracasos, como los tenemos todos, pero vivida al cien por ciento, con
toda la fuerza característica de Reina.
Quiero evocar algunas anécdotas de lo que pudiera llamarse "Regina y
yo". Son anécdotas parecidas a las que vivieron muchos de los aquí
presentes, y que invito a que pasen y las compartan con nosotros.
De mis años de infancia tengo pocos recuerdos de Reina. Clarita, que
hablará luego, recordará más detalles de esa época. Pero sí recuerdo
las caspiroletadas que hacíamos en la pesebrera, en un fogón de leña
armado sobre tres piedras. Recuerdo especialmente una que hicimos una
tarde de noviembre, cuando tenía yo cinco años, y nos conmovió a todos
la noticia del asesinato de Kennedy. Yo se que a Regina la impactó, e
influyó en ella más tarde un su vida.
Mi relación más cercana con Regina se dió cuando ella estudiaba en la
UTP y yo terminaba mi bachillerato y empezaba también en la UTP.
Regina me enseñó cálculo y química (estequiometría), cosas que para mi
eran nuevas y fascinantes. Ella me las enseñaba y luego trabajábamos
juntos en los problemas. El cálculo que aprendí con Regina me sigue
sirviendo hasta el día de hoy, y es parte de lo que enseño a mis
estudiantes. Pero más importante que ésto, fue el mostrarme en qué
consiste la ciencia. Fueron muchas las veces que la acompañé a tomar
muestras de agua en las bocatomas de Potreros y San Ramón en Santa
Rosa, para su trabajo de tesis de grado. Y en esas jornadas de día
entero, conversando por el camino, me iba mostrando cómo se hace
ciencia, cómo la ciencia debe informar las decisiones de la vida
pública para mejorar la calidad de vida de la gente. Regina instauró
en mi el amor por la ciencia que me ha acompañado a lo largo de los
años.
También tuvimos encontrones, como el de una jalada de orejas que me
pegó en la U. cuando se enteró que yo no estaba almorzando para
ahorrar ese dinero para mi viaje a Medellín. Ella hizo que reanudara
mis almuerzos, y prometió ayudarme para el viaje a Medellín. Y
típico de Regina, cumplió su promesa. Fue una de las personas que más
me apoyó para hacer realidad algo que parecía imposible: irme a
estudiar matemáticas puras a Medellín.
Luego, estando ya en Medellín, cuando tuve mi crisis de diabetes,
Regina fue una de las primeras que fue a verme a la clínica. Así era
Regina, presente cuando más servía su presencia.
Hay otras dos cosas significativas, que aunque estaban en mis notas
mentales, se me escaparon de decirlas en Los Alamos.
Para el matrimonio con Beatriz, que causó reacción tan negativa en
algunos miembros de la familia, Regina nos ofreció desde un principio,
un apoyo incondicional, fuerte y recio. Reina no tenía pelos en la
lengua para decir lo que pensaba.
Regina ayudó a plantar en mi la semilla de lo que hoy pudiera llamarse
"justicia social". Esa semilla germinó, y aún sigue viva en mi después
de tantos años, así como nunca dejó de ser parte de la vida de Reina.
Esa influencia abarcó desde mis años de bachillerato cuando dirigía y
escribía para el periódico del colegio, "Inquietudes", hasta los años
de militancia política en la UTP y luego en la UdeA. A Regina, estas
cosas le traían recuerdos de ese hermano que siempre recordó con
nostalgia y un profundo cariño: Javier.
Fernando Guzmán Naranjo
Mi Regina fue, entre otras cosas, la persona generosa y altruista que
siempre estaba dispuesta a colaborar, la que se apropiaba de los
problemas ajenos brindando su apoyo y solidaridad. Yo también admiraba
en ella lo coherente que era su actuar con su forma de pensar.
Elena Acosta Naranjo
Algunos recuerdos de la tía, de cuando éramos unos niños David y yo:
El primero tal vez, cuando Macala logró convencer a mis padres de que
nos dejaran unas vacaciones en Santa Rosa; esa temporada pasamos los
días enteros corriendo al rededor del patio con la perra pastor
persiguiéndonos, y nosotros de refugio en refugio, azotando puertas y
tumbando materas; nunca supimos si la perra nos perseguía para
mordernos o era solo jugando. Y la tía nos defendía del abuelo, que
entraba en iracundia con la algarabía de tantos nietos, Ana María,
Felipe, Enrique, Germán, David, Ximena...
Y la tía, llevando a Eduardo al hospital a que le remendaran la axila
porque se cayó del guayabo y quedó en engarzado en un poste del cerco
del patio, fue horrible verlo levantar el brazo mugroso delante de uno
de los espejos del cuarto de Regina, el hueco era impresionante y si
no nos desmayamos en el acto, fue por el ruido de nuestros propios
alaridos.
Y la tía llevándome de excursión a recoger agua para su proyecto de
grado, yo estaba chiquita y ese paseo me pareció larguísimo, pero
todavía recuerdo el verde de los potreros y la cruzada de los
alambrados.
Y la tía fumando, cuando todavía podía, y tomando tinto.
Y la tía que ya no está, porque viajó sin avisar, sin empacar, sin
hacer ruido, sin despedirse...
Ximena Naranjo González
Este poema de Emily Dickinson no pierde su belleza y profundidad,
aunque la ceremonia de despedida de nuestros seres queridos ya no
tiene la pompa de antaño.
Una dignidad nos espera
a todos una mitrada tarde.
Nadie puede evadir esta corona
ni evitar esta púrpura
que concede lacayos y carroza,
cámara, multitud y fasto
y campanas cuando imponentes
recorramos el pueblo.
Qué dignos asistentes, qué servicios
cuando el cortejo haga una pausa,
qué lealmente para despedirnos
se alzarán cientos de sombreros.
Alberto Guzmán Naranjo